Las enseñanzas de vida de Notario

Sin pretensiones profesionales el exmeta de Granada CF, Sevilla, Murcia o Celta ha ejercido como entrenador de porteros en la Tercera Andaluza o en Gibraltar tras un giro radical en su existencia

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Entrenador
Antonio Notario, con dos chavales de la Peña Málaga CF. /FOTO. PEÑA MÁLAGA

En la coqueta, y muy turística, localidad malagueña de San Pedro de Alcántara, hace ya bastante tiempo que se habituaron a la llamativa singularidad. Al impacto que generó el comprobar cómo prácticamente después de haber culminado con 38 años la exitosa carrera profesional que le permitieron sus excepcionales cualidades, siguió ganándose la vida con las manos, pero como un operario más. Aunque los ecos no cesaron de generarse. E incluso se multiplicaron cuando sin pretensiones profesionales comenzó a prodigarse en escenarios deportivos no acordes a su carrera. Sin titulación para ello, ni falta que le va a hacer, a tenor de sus escasas ambiciones, se convirtió en un llamativo entrenador de porteros de neoprofesionales, amateurs y chavales. Y así creó la punta para tirar del ovillo.

A efectos materiales, hoy día poco o nada queda del gran guardameta que fue el barcelonés, de adopción granadina, Antonio Notario Caro (19//1/1972). De aquel excepcional cancerbero que alcanzada la mayoría de edad debutó en Segunda B para acabar convirtiéndose en insustituible en la meta del Granada CF. De éste que incluso así prologó una emergente carrera que le convirtió en un verdadero referente de los arcos del Sevilla FC, del Murcia, del Celta o el Albacete. Y todo, con tantos réditos a niveles de popularidad y económicos como cabría imaginar tras haber competido siete años en Primera y cuatro en Segunda, dos de ellas saldados con el salto de categoría.

Notario, en el Gibraltar United

Sin embargo, un doloroso divorcio en el que hubo separación de bienes, ‘separación’, y algún que otro exceso, supusieron que el ‘Notas’ tuviera que realizar un giro radical a sus planteamientos y hábitos de vida. Y todo, con la misma gallardía y descaro con los que se empleaba en los rectángulos de juego. Y también con las manos, sin ningún tipo de complejos. Se conoce que trabajó para una empresa de alquiler de hamacas, lo que supuso que su rostro fuera reconocido en varias oportunidades  entre las finas arenas de las playas de la Costa del Sol –más ecos sobre su nueva situación personal–. Y ahora nos dicen que trabaja en una empresa de construcción, pero no en sus oficinas. Y todo, suponemos, en el típico horario laboral en el que probablemente cumple como un jabato pero siempre con ganas de regresar a la vivienda de una bonita urbanización en la que ha rehecho su vida.

Sin duda se cinceló otro Antonio Notario que de no ser porque le mueve el matar el gusanillo, el ganarse un dinerillo extra, o el corresponder con algún empresario que luego le devuelve el favor, poco o nada tendría que ver con el anterior. Que se sepa, ha sido entrenador de porteros de escuelas de niños y de equipos que compitieron entre Segunda B y Primera Andaluza. Tales son los casos del Unión Estepona, del Torremolinos, del Vélez o del Tesorillo. E incluso también en la Primera de Gibraltar como el desaparecido Gibraltar United. En este sentido, lo último que se sabe de él es que el curso pasado fue el delegado del equipo de su chaval: el San Pedro juvenil. Otro equipo, sin duda, en el que puede dar lecciones futbolísticas, pero sobre todo de vida.

Los chascarrillos los dejará para esos contados momentos en los que tras la barra de un bar comparte con sus amigos una cerveza. El único ¿pecadillo? que se permite. Siempre fue un grande, y siempre lo será, y por eso está sabiendo aprovechar la segunda oportunidad que le ofrece la vida.