La profecía de Iván Urbano y el ridículo del Lorca Deportiva

El cesado técnico ya avisó a principios de Liga que con tan escaso potencial el club quedaría a merced del escuálido mercado de invierno. Y tras la revolución estéril que se ha producido, el del Artés Carrasco es junto al Atzeneta el único club que no ha ganado de entre los 102 de Segunda B

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Entrenador
Iban Urbano, en su etapa en el banquillo del Amurrio. /FOTO: EL CORREO
Al presidente Hugo Issa se lo advirtió el exentrenador del equipo, Iban Urbano. Y quizás aquellos otros a los que no les iba nada en el envite, más allá del deseo de que el Lorca Deportiva hiciera un buen papel, o al menos, un decoroso papel, en su regreso a la Segunda B. El mensaje fue claro a principio de temporada: “presi, con esto no nos llega. Y si ahora no nos reforzamos, será necesario en el mercado y no con los jugadores que podamos querer, sino con los que nos puedan ofrecer o se pongan a tiro”. Pues bien, cinco meses después de aquello las palabras de histórico capitán del Barakaldo toman forma de profecía. De desgraciada profecía.
Porque lo cierto es que el equipo murciano no sólo basó el intento de reacción en la destitución de Urbano, sino en dar por buenas sus palabras, pero hasta ahora sin el tino necesario: ha habido siete fichajes, o por ahí iba la cuenta, y diez bajas. Y todo, con el decepcionante resultado de que el Lorca Deportiva no es sólo el colista del grupo 4B de Segunda B, sino el único conjunto, junto al modestísimo Atzeneta de Valencia, que no ha ganado ni un solo partido de entre los ciento dos que compiten en Segunda B.
El nuevo entrenador Juanjo Asensio, sin más experiencia en la B que la que está atesorando ahora, no ha cosechado aún ningún punto. Pero en absoluto puede ser catalogado responsable de esta barbaridad que ha supuesto crear un equipo nuevo sobre la marcha. Por mucho ruido que puedan hacer los que siempre han tocado el tambor, el ridículo es evidente y la pena enorme para quienes soñaban con ver más arriba al Lorca. Entretanto, da la sensación de que Hugo Issa ha estado más en el papel del discreto representante que fue, y sigue siendo, que en el de campeón del mundo.