El factor diferencial de Koeman con respecto a Setién, Valverde y Luis Enrique

El técnico holandés ha arrancado en Liga peor que sus tres predecesores en el cargo, pero se manifiesta sin complejos y con valentía, permitiendo al ‘soci’ conocer qué es lo que verdaderamente sucede en su plantilla y a los medios hacer su trabajo con mayores garantías de precisión

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Holandés entrenador
Ronald Koeman hace la señal de la victoria en una de las fosas del Camp Nou. /FOTO. FCB

Después de estar al mando en cuatro jornadas de la competición liguera en Primera división, el entrenador Ronald Koeman ha firmado dos victorias, un empate y una derrota, en definitiva siete puntos. La misma cantidad que Ernesto Valverde a estas mismas alturas del campeonato pasado, pero partiendo de que con el ‘Txingurri’ lo ganó todo en los arranques de los cursos 2018/19 y 2017/18 o incluso de que con Luis Enrique al frente fueron nueve unidades las capturadas al inicio de la campaña 2016/17. Que es justo la cantidad que también consiguió el tan denostado Quique Setién en sus primeros ‘escarceos’ culés. Ahora bien, con respecto a aquellos el holandés está teniendo una forma de comportarse que a buen seguro va a jugar mucho en favor de su credibilidad y en consecuencia, de su continuidad. Y es que el tulipán se manifiesta siempre con claridad, contando su verdad, sí, la suya, pero siendo fiel a la sinceridad que siempre le ha caracterizado. Y claro, eso agrada al ‘soci’ – cansado de que se le hagan relatos edulcorados, llanos o malhumorados- y por supuesto a los medios de comunicación, quienes tienen su razón de ser en transmitir la realidad de lo que acontece en Can Barça y con las palabras del mítico defensor tienen más herramientas para acercarse a la precisión siempre deseada.

En este sentido, lo de Setién fue para subirse por las paredes. Siempre estaba dispuesto a atender a quien hiciera falta, eso es cierto, pero es que la versión que ofrecía de todo cuanto acontecía, o era digno de análisis, especialmente en los casos de su continuidad o de aquel vestuario que lideró y que ardía en llamas, no es que fuera amable a sus propios intereses, o los del Barcelona, no, es que pura y llana

Barcelona
Quique Setién, en rueda de prensa. con su exequipo. /FOTO: FICHAJES.COM

mente rozaban lo irrisorio por alejados de la realidad. Y al final eso le hizo mucha pupa, porque es que al final nadie le creía. Intentar convencer de que estaba casi atornillado al banquillo cuando se acumulaban los batacazos, y no se paraba de instigar para su sustitución, o de que era buena su relación con algunos jugadores, tipo Messi, tipo Luis Suárez, cuando eran estos mismos los que hacían ver a la prensa que no era en absoluto así, hicieron de Setién el típico técnico al que nunca hacer caso.

Mientras, el de ‘Txingurri’ era un discurso plano, muy en la línea de la felicidad reinante en la ‘Casa de la Pradera’. Y claro, generalmente eso obligaba a leer sus declaraciones muy entrelíneas, después de haber completado una primera lectura entrelíneas, para conocer qué es lo que verdaderamente pensaba. Una labor más propia de videntes que de aficionados o de periodistas que al final cansaba y que acabó suponiendo que se cogiera con pinzas, especialmente cuando todo iba bien, lo que le salía por la boca.

Por su parte, lo de Luis Enrique llegó al inaceptable extremo en un importante número de ocasiones. El asturiano, que es un profesional como la copa de un pino, y un técnico muy capacitado, siempre quiso hacer creer que todo era armonioso. O que se mantenía al margen de lo que se decía o comentaba en el entorno o en los medios de comunicación. Pero la aspereza con la que contestaba, y sigue haciéndolo de nuevo, a los periodistas, reflejaba justamente lo contrario.

Entrenador
Luis Enrique, en un entrenamiento con la selección española. /FOTO: SEVFÚTBOL

Es más, siempre dio la sensación de que llegaba a las ruedas de prensa a desquitarse de las ofensas en las que parecía que convertía los relatos que se hacían del exterior de todo cuanto acontecía. Ahora bien, él con su empeño también de maquillar los problemas tampoco ayudaba a construir versiones aproximadas a la realidad. No hay duda, el seleccionador tiene capacitación sobrada para estar en los banquillos más exigentes. Pero no, no es perfecto, y las formas con que se dirige muchas veces a su interlocutor no es que sirvan precisamente para construir en torno a su figura un perfil de entrenador directo y sin pelos en la lengua. No. No van por ahí los tiros.

Y después de ellos ha llegado Koeman, quien en Holanda o en España, el país que es el que le está dando de comer a su familia, se está expresando sin tapujos. Sin groserías, pero con un elevado grado de franqueza que al final será muy valorado. Por el momento no ve al entorno ni a los medios como enemigos y se expresa con llaneza. Y así, por ejemplo, es más fácil comprender las razones que le llevan a tomar decisiones. Lo que no sólo agradece el aficionado sino también el periodista, que reduce considerablemente el margen de error al hacer sus apreciaciones. Analizando el día a día con naturalidad, todo el mundo gana. Él, evitándose palos de interpretaciones erróneas.