Unzué, de «pelearse con el mundo» a recibir un cálido homenaje en Los Pajaritos

El exguardameta y antiguo entrenador realiza el saque de honor en el partido perdido por el Prat ante el Numancia, el primer club al que dirigió, tras realizar unas confesiones demoledoras

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Entrenador
Unzué, recibiendo la camiseta del Prat de manos de uno de sus dirigentes. /FOTO: TWITTER

El excancebero y antiguo entrenador Juan Carlos Unzué ha recibido esta tarde en Los Pajaritos el enésimo homenaje del que ha sido objeto en el fútbol español después de que reconociese con una sinceridad desbordante que padece la enfermedad de la ELA.

Ha sido en los prolegómenos del partido correspondiente al grupo III de la Segunda RFEF que el Prat ha perdido por 2-1 ante el Numancia de Soria, el primero de los clubes que dirigió en solitario tras dejar de ejercer como segundo entrenador.

Valiéndose de la silla de ruedas en la que se encuentra postrado, el que fuera arquero de Osasuna, FC Barcelona, Sevilla, Tenerife y Oviedo ha saltado al campo y ha realizado incluso el saque de honor. Un emotivo acto que ha despertado el aplauso de los presentes y que que dio paso en el descanso a ese otro modesto en el que dirigentes del Prat le entregaron una camiseta.

En una reciente entrevista con El País, Unzué desveló cómo ha afectado la enfermedad a su cuerpo. «En estos momentos la movilidad ya es muy complicada para mí, sobre todo fuera de casa. Voy con una silla de ruedas desde el pasado marzo. Es una ayuda. Me da más autonomía y más seguridad. Ahora mismo no dudo a la hora de hacer un viaje a Pamplona, a Sevilla o a donde me apetezca. Luego hay cosas como secarme o vestirme para las que ya necesito la ayuda de mi mujer, que siempre ha estado muy cerca de mí y ahora, si cabe, está un poco más. Es la vida. Los pacientes de ELA tenemos que tener una gran capacidad de adaptación, porque los cambios son muy rápidos y prácticamente continuos», dijo quien hizo otra confesión desgarradora.

«Puede pasar que cuando a uno le dan este diagnóstico se pelee con el mundo, se quiera encerrar en una habitación, porque esta es una enfermedad sibilina, engañosa. Porque en las primeras fases puedes tener la sensación, al estar sentado o tumbado, de no sentirte enfermo, como me pasa ahora mismo mientras charlamos. Pero, sin darte cuenta, acabas más tiempo sentado o tumbado del que deberías. Y algo que hoy puedes hacer, mañana ya no vas a poder. Debemos intentar encontrar ese equilibrio y que no nos engañe esta enfermedad. Yo trato de mostrarles a mis compañeros que, como otros muchos, soy capaz de seguir disfrutando de la vida a pesar de las dificultades».